El aceite de oliva, especialmente el virgen,

es un tipo de aceite de máxima calidad, el cual se obtiene directamente de aceitunas en buen estado únicamente por procedimientos mecánicos, con un sabor y olor intachables y libre de defectos, no pudiendo sobrepasar su grado de acidez los 0,8°, expresado en porcentaje de ácido oleico libre. Posee entre sus cualidades, ácido oleico y grasas de origen vegetal, las cuales disminuyen el riesgo de padecer obstrucciones en las arterias, y tiene un alto contenido en carotenos y vitamina E, siendo por tanto, altamente recomendable frente a otros tipos de aceite y especialmente frente a la mantequilla. Y además es altamente recomendable usarlo:

En crudo: Empleándolo para aliñar ensaladas y verduras (crudas o cocinadas), para acompañar el pan y para elaborar salsas como la mayonesa, la vinagreta y el alioli. También se añade a platos tan típicos de nuestra cocina como el gazpacho, el ajoblanco, el salmorejo, algunas sopas frías…

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En fritura y guisos: Al freír cualquier tipo de alimento en sartén teniendo en cuenta que el aceite no debe humear durante el precalentamiento (antes de incorporar el alimento), y que no debe reutilizarse más de cinco veces y, a ser posible, siempre para freír alimentos similares. Además, se debe filtrar antes de guardarlo, en un recipiente opaco, y mantenerlo apartado de la luz y el calor.

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Hay quien piensa que utilizar aceite virgen extra para cocinar es un desperdicio, y que solo se debe consumir crudo. Esto no es así y, en realidad, el aceite virgen extra se puede utilizar perfectamente en los guisos, ya que es de mayor calidad y tiene mejor sabor.